viernes, 27 de marzo de 2015

Textos humorísticos

CORRESPONDENCIA – De Luis Pescetti (del libro El pulpo está crudo)

Querida sobrina:
Espero que al recibir ésta te encuentres bien. Yo estoy ma-ra-vi-llo-sa. Siempre me acuerdo tanto de todos ustedes, y el otro día me dije: ‘‘¡Ay! Qué vergüenza, qué abandonada que la tengo a esta chica’’. Así que me decidí y me voy a pasar un mes con ustedes.
Tu Tía.

Querida tía:
¡Qué alegría recibir su carta! Realmente no esperábamos que se acordara de nosotros; pero, ¡qué pena! Mi casa es muy chica y no podría ofrecerle las comodidades que quisiera. No sabe cuánto lo lamento, pero seguro que no va a faltar oportunidad. Un beso grande de su sobrina que tanto la quiere.
Su sobrina.

Querida sobrina:
¡Mi amor! Criatura, ¿por qué te ponés en esas molestias? Me escribís como si te fuera a visitar un presidente. No te preocupes por mí, yo en cualquier lugarcito me arreglo. Me pueden dar la cama matrimonial y ustedes se acomodan por ahí, que son jóvenes, no como una. Estuve pensando que me puedo quedar más de un mes.
Tu tía.

Querida tía:
¡Qué suerte que se puede quedar más de un mes! Cuando se lo conté a mi marido se puso loco de contento; pero enseguida nos amargamos porque nos dimos cuenta de que en la fecha en que usted puede venir nosotros no estamos. ¡No sabe cuánto lo sentimos! Pero seguro que no va a faltar oportunidad para que venga a pasar dos o tres días.
Su sobrina.

Querida sobrina:
¡Qué cabecitas de novios que tienen ustedes dos! Si todavía no te había dicho la fecha, mi amor. No se hagan tanto problema. Yo voy a llegar el 12 de mayo y ya saqué regreso para el 10 de julio. Tuve mucha suerte porque casi no consigo.
Tu tía.

Querida tía:
La verdad, qué suerte que tuvo en conseguir los pasajes. Pero mire, con Carlos estábamos comentando lo que son las cosas ¡Ni que hubiéramos sabido! Ésa es la fecha justa que le decía que no íbamos a estar. Yo me puse muy mal, pero Carlos me dice que no me preocupe que seguro no va a faltar oportunidad para que venga un día.
Su sobrina que tanto la adora.

Querida sobrina:
¡Ay, mi amor, pero no importa! Si total yo puedo correr las fechas, total con estos pasajes no hay problema; además con las ganas que tengo de conocer a tus últimos tres nenes que todavía no los conozco. Son unos vagos, ustedes, la última vez que me invitaron fue para cuando nació Fabiancito, ¿te acordás? Mandáme a decir las fechas nomás.
Tu tía.

Querida tía:
Sí, me acuerdo que usted estuvo para cuando nació Fabián, porque cuando vino a visitarnos yo todavía no estaba embarazada. En cuanto a su viaje, parece cosa del destino, a Carlos en el trabajo lo trasladan a un lugar lejísimo que todavía no sabemos. Nos van a decir cuál es recién cuando lleguemos. ¡Es una pena! Pero igual no se preocupe porque ni bien nos instalemos le escribo mandándole nuestra nueva dirección así se pasa a tomar un rico té alguna tarde. Seguro que no va a faltar la oportunidad.
Su sobrina.



CARTA DE LA ABUELA - Anónimo

Querido nieto:
El otro día tuve una experiencia religiosa muy buena, que quería compartir contigo. Fui a la librería cristiana y allí encontré una calcomanía para el auto que decía "TOCA LA BOCINA SI AMAS A DIOS". Dado que había tenido un día muy malo, decidí comprarla y pegarla en el paragolpes de mi auto.
Al salir manejando, llegué a un cruce de dos avenidas que estaba muy complicado, con muchos autos. La temperatura exterior era de 37 grados y era la hora de salida de las oficinas. Allí me quedé parada, porque la luz estaba roja, pensando en el Señor y como Él es bueno.
No me di cuenta que la luz se había puesto verde, pero descubrí que muchos otros aman al Señor porque inmediatamente comenzaron a sonar las bocinas.
La persona que estaba detrás de mí auto era sin duda muy religiosa, ya que tocaba la bocina sin parar y me gritaba: DALE, POR EL AMOR DE DIOS. Dirigidos por él, todos hacían sonar la bocina. Yo les sonreí y los saludaba con la mano a través de la ventanilla.
Vi que otro muchacho me saludaba de una manera muy particular levantando solo el dedo medio de la mano. Le pregunté a otro de mis nietos, que estaba conmigo, que quería decir ese saludo. Me contestó que era un saludo Hawaiano de buena suerte. Entonces yo saqué mi mano por la ventana y saludé a todos de la misma manera.
Mi nieto se doblaba de la risa, supongo que por la bella experiencia religiosa que estaba viviendo.
Dos hombres de un auto cercano, se bajaron y comenzaron a caminar hacia mi auto, creo que para rezar conmigo o para preguntarme a que templo voy. Pero en ese momento fue que vi que la luz estaba verde. Entonces saludé a todos mis hermanos y hermanas y pasé la luz.
Luego de cruzar, noté que el único auto que había podido pasar era el mío, ya que la luz volvió a ponerse en rojo, y me sentí triste de dejarlos allí después de todo el amor que habíamos compartido. Por lo tanto, paré el auto, me bajé, los saludé a todos con el saludo hawaiano por última vez y me fui.
Ruego a Dios por todos esos buenos hombres y mujeres.

Besos,

Tu abuela



Definición de amor
Javier Malia

Una vez escuché la definición de amor. ``Es cuando te importa tanto una persona, que serías capaz de sacrificarte por ella, sin importarte las consecuencias.´´
Y aquí estoy yo. Viendo como un autobús está a punto de arroyar a mi mujer. A lo mejor es porque el subconsciente es capaz de procesar datos a la velocidad de la luz, o simplemente me entran dudas, pero antes de cometer alguna estupidez, me pregunto si la persona que está en el paso de cebra a punto de ser aplastada por una enorme rueda, merece el mayor de los sacrificios. Mi vida.
El colectivo avanza inexorablemente hacia ella, lo sé. Por qué estoy viendo como el chofer intenta sin remedio detenerlo. Va demasiado rápido y su cara ya ha perdido cualquier rastro de sangre, convirtiéndola en un lienzo en blanco.
¿Cómo es posible que me entren dudas? Si yo la quiero.
¿Cómo puede ser, si siempre me he creído una persona noble? De esas, que se han llenado la boca diciendo ¡ojalá me hubiera pasado a mí!
Sin embargo, ahora me tiemblan las piernas al pensar que o es ella o yo. ¿Qué hago?
Quizás sea el instinto de supervivencia, o que se yo, el hecho es que mi cabeza sólo busca excusas y pretextos para no hacerlo.
Por un lado tengo el tema del piso, si mi mujer fallece, tengo la hipoteca pagada, por otro lado, seguro que la compañía de transporte metropolitano me da una suculenta indemnización con tal de paliar el fuerte agravio que me han producido y, así un sin fin de pensamientos que me atornillan los pies a la acera. Si hasta me acuerdo de las discusiones triviales en las que yo tengo razón.
Justo cuando me siento el hombre más mezquino y ruin que hay en la faz de la tierra, un grito me trae de nuevo a la horripilante escena.
-¡Estás ciego o qué!- es mi mujer chillándole al chofer.- ¡Serás gilipollas!
-¿lo has visto?- me pregunta.- ¡Eh! ¿¡Estás ahí!? Vamos que tenemos prisa.-
Sujeto con renovadas fuerzas las bolsas de la compra y me alejo de la escena agradecido por no tener que hacer ningún tipo de sacrificio humano. Mientras avanzo por el paso de peatones me fijo en la cara del chofer. Suspiramos los dos a la vez. Cuando llego a la otra acera me doy cuenta de una cosa. No quiero tanto a mi mujer.

“Confesiones de un tipo feo”

Yo era tan feo que cuando nací el médico preguntó dónde estaba la cámara oculta. Era tan feo que el doctor me tiró al aire y dijo: "si vuela es murciélago", y luego me tiró en el agua y dijo: "si nada, es cocodrilo". Era tan feo que cuando nací, el doctor me dio la cachetada en la cara. Luego fue a la sala de espera y le dijo a mi padre: "Hicimos lo que pudimos... pero nació vivo", y en lugar de felicitar a mi papá, lo golpeó. Era tan feo que mi madre no sabía si quedarse conmigo o con la placenta. Como era prematuro me metieron en una incubadora... con vidrios polarizados. Era tan feo que cuando nací no lloré yo ¡lloró el doctor, mi papá y mi mamá! Mi madre nunca me dió el pecho porque decía que sólo me quería como amigo, así que en vez de darme el pecho, me daba la espalda. Era tan feo que a los 3 meses aprendí a caminar, porque nadie me alzaba. Era tan feo que cuando era chico, me acariciaban con una rama. Era un niño tan feo, pero tan feo, que un día mi mamá me llevó de camping y en la noche, los coyotes prendieron fogatas para que no me acercara. Era tan feo que cuando jugaba al escondite nadie me buscaba. Nací tan feo que cuando era niño, por las noches, mi "angelito de la guarda" dormía en la habitación de al lado. Yo siempre fui muy peludo: a mi madre siempre le preguntaban: "Señora, a su hijo ¿lo parió o lo tejió?" Mi padre llevaba en su billetera la foto del niño que venía cuando la compró. Pronto me di cuenta que mis padres me odiaban, pues mis juguetes para la bañera eran un radio y un tostador eléctrico. Una vez me perdí, y le pregunté al policía si creía que íbamos a encontrar a mis padres; me contestó: "No lo sé; hay un montón de lugares donde se pudieron haber escondido". Era tan feo, que me dolía la cara. Era tan feo que los ratones me comieron el documento y dejaron la foto, y cuando fuí al zoológico los monos me tiraban galletitas. Mis padres tenían que atarme un trozo de carne al cuello para que el perro jugara conmigo. Cuando me secuestraron, los secuestradores mandaron un dedo mío a mis padres para pedir recompensa. Mi madre les contestó que quería más pruebas. Tuve que trabajar desde chico: trabajé en una veterinaria y la gente no paraba de preguntarme cuánto costaba yo. Un día llamó una chica a mi casa diciéndome: "Ven a mi casa que no hay nadie”. Cuando llegué no había nadie. Era tan feo que el psiquiatra me hacía acostar boca abajo. El psiquiatra me dijo un día que yo estaba loco. Yo le dije que quería escuchar una segunda opinión. "De acuerdo, además de loco es usted muy feo", me dijo. Una vez, cuando me iba a suicidar tirándome desde la terraza de un edificio de 50 pisos, mandaron a un cura a darme unas palabras de aliento. Sólo dijo: "En sus marcas, listos..." Era tan feo, pero tan feo, que cuando mandé mi foto por e-mail, el antivirus la detectó. Era tan feo que me miraban dos veces porque la primera no se lo creían. Era tan feo que convertí a Medusa en piedra. Encima, me echaban del tren fantasma porque "asustaba demasiado". Era tan feo que asustaba hasta los ciegos. Era tan feo que cuando me miraba en el espejo, el reflejo se hacía a un lado. Era tan feo que hacía llorar a las cebollas. Era tan feo que tiré un boomerang y éste no regresó nunca más. Era tan feo que cuando fui a la casa de los espantos... regresé con una solicitud de empleo. Sí, amigos, yo era tan feo, tan feo, que una vez me atropelló un auto... y quedé mejor. Y ahora soy, apenas... feo.

La caca si es de amor, tiene virtudes maravillosas
Ramón Ernesto Gutiérrez

Cuando se es padre, el nivel al que llega la angustia cuando el hijo está enfermo, no tiene límites. Puede ser que se tenga un encumbrado título profesional, incluso ser especialista en los aspectos que toma la enfermedad del pequeño, pero la angustia hace dejar de lado todo esto y harás todo aquello que parezca irracional, si tú lo quieres, pero todo es poco si se consigue la cura del hijo.
Soy padre y médico de profesión, pero cuando las recetas extendidas por la ciencia médica, cumpliendo las indicaciones precisas tienen resultados nulos. Mi corazón se abre y mi cerebro se obstruye.
Mi hijo Manuelito de un año con tres meses fue muy sano hasta los 8 meses y de allí en adelante no pasaron 15 días sin ciclones de diarrea, tos, mocosera, aislados o juntos. Hasta me pasó por la mente la posibilidad de defensas bajas por la temida infección del VIH, las noches sin sueño que me produjo la idea concluyeron con el resultado negativo de la prueba.
En cierta ocasión Manuelito cursaba con un nuevo episodio de diarrea, perdió el apetito, bajó de peso y su piel se llenó de ronchas por alergia a las picadas de mosquitos.
En esa misma época habíamos contratado los servicios de una niñera, que desde su llegada la mujer no contó con la simpatía de mi esposa, quién le encontró los mil y un defectos y las noches y los fines de semana los pasaba escuchando los rosarios de quejas de mi querida Rosario. Yo defendía a la muchacha, pero cuando mi esposa señaló que la creía poco sincera en su afecto con los niños, cabe decir que además de Manuelito teníamos a Dieguito de dos meses de edad, mis antenitas de padre se alzaron y comencé a prestar más oído a las quejas de mi esposa.
Mi consejo fue simple, había que echar a la muchacha, más no hubo necesidad pues se echó a si misma abandonando un día su lugar de trabajo. Después de un fin de semana libre, ya no volvió.
Entre tanto Manuelito continuó con su diarrea a pesar de los medicamentos y aunque el mocoso jorobaba como que si no estuviese enfermo, y habiendo descartado el terrible diagnóstico del VIH, la mente se abrió a nuevas posibilidades.
El fin de semana que la niñera ya no volvió, descubrí en el inodoro del servicio doméstico una enorme caca maloliente; deje correr el agua, pero lo pastoso de la caca produjo que ésta continuara untando la taza del inodoro. Mi diligente esposa dejo caer un litro de lavandina e hizo el siguiente comentario:
--- ALGUIEN LE COMENTÓ, QUE LOS LADRONES Y LOS EMPLEADOS DOMÈSTICOS QUE QUIEREN DEJAR UN MAL, DEJAN UNA TREMENDA CACA EN LA CASA SEÑALADA.
Una noche desperté con sobresalto y lo primero que hice en la madrugada fue investigar el baño de la niñera. ¡HORROR! La caca continuaba untando la taza, a pesar del litro de lavandina. No había ninguna duda la malvada mujer era partícipe de huestes demoníacas, su acendrado odio contra todo lo que es de Dios, mis niños, como todos los niños pertenecen al Señor, eran víctimas de la endemoniada bruja, sobre todo Manuelito; y el corazón en ese momento recibió un mensaje divino: ESTA MUJER ES UN DEMONIO, QUIERE DAÑAR EL REGALO QUE YO TE BRINDÉ, PERO NADA PUEDE CONTRA TI, SI TÚ ME AMAS.
Estaba solo y amaba a mi hijo… y amaba a DIOS, pero… ¿Qué hacía?
Y mi cerebro y corazón funcionó: SI ESTA CACA ES DEL DIABLO, DEBO CONTRAPONER FUEGO CONTRA FUEGO, ¡MI CACA ES DE UN PADRE AMOROSO, POR TANTO… ¡FUEGO CONTRA FUEGO! ¡CACA CONTRA CACA!
Mis intestinos se activaron y una paternal y poderosa caca inundó la taza embrujada, del inodoro se escuchó un alarido espantoso al deglutir el remedio contra el mal. Después inundó la atmósfera un prolongado silencio, luego cantó un pajarito. ¿Y Manuelito? Sanó totalmente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario